Matías Kocens

Foto: archivo propio

Y el poeta tomó sus libros, su guitarra, su alma envuelta en un sueño de luz y ruedas imparable y se fue a visitar la vida de los otros, esos que son y que a veces no son, esos que cuentan con él para volar con la imaginación a esos lugares tan profundos de la sensibilidad que lleva en su pecho, con la dulzura innata de un trovador contemporáneo.

El poeta, mientras prende un cigarro se afirma en la tierra, pero solo con sus pies, pues él ya no es parte de la masa de humus que hay debajo, él ya está divagando nuevas frases, nuevos artilugios para vencer lo diario, esa rutina pesada que nos estropea la felicidad poco a poco y nos convierte en eso que tanto odiamos. Él, con su lapicera y papel nos conmueve como nenes y niñas que en el fondo somos y que mal duermen dentro nuestro ese sueño de la adultez un tanto mortaja.

“Siempre quise

Siempre quise ser como Van Gogh, medio chifle, casi un genio y estar muerto, pero eso no pasó.

Me siento acompañado por los seres del gran fuego que prendí en mi corazón.

Una vida llega al palo y ahí clavo mi energía, al poema que descubra te lo cuente y evite que te acerques hasta donde todo cae.

Quiero ser amor y no me sale, no hay ser verdadero, esa es una de las búsquedas a la que vamos juntos, amiga.”

Matías Kocens, de su último libro “Libre”

 

Y vemos en el sol un brillo que se renueva día a día, un haz de luz novedoso, y si sabemos apreciar con más notoriedad, podemos entender de qué van sus escritos. Dueño de una prosa tierna, directa, sin preajustes mercantileros que le quitan a la poesía el amor que nos provoca. Dueño de un duende que deambula por su letra y nos regala estos versos encantados.

Quizá sea su forma de vida, trashumante de amor, quizá sea un cuento, ese que aún no escribió, quizá la magia no se revelará nunca, no importa, él con sus dones nos hará llegar lo que vale, y el resto que no se suba a este tren.

Matías Kocens es de Ituzaingó, autor de variados libros de poesía y cuentos, su carrera literaria comienzo de muy chico y luego la fue amalgamando con la música, participó de la banda de rock “Demente caracol” un icono de los noventas en el oeste del conurbano bonaerense. Distribuye sus libros de mano en mano viajando por el interior del país en los trenes, su prosa es simple, profunda y llena de esperanzas. Canta autor y gran músico que en esta entrevista habla de sus libros y desde luego del último “Libre”. Una nota imperdible en la que puede pasar de todo (incluso que me deje la guitarra a mí para hacerme un poco el músico)

Gracias Matu!!!!

Cesar Fernández Pared

Foto: Archivo propio

Reformulemos la lucha, hagamos una nueva bandera. Que se funda el cielo con el canto y que de esa unión salga un nuevo código en donde la luz llene esos espacios oscuros que el mundo y sus injusticias se encargan de agrandar día a día. Mezcla exacta de poeta y trovador, lluvia novedosa de estrofas y alma en donde el sol brilla, aunque la peña lo encuentre de noche.

No se sabe, no nos interesa hacerlo, dejemos eso del saber para otros sujetos en una sociedad tan mixeada de derrotas y victorias todas en el mismo bol de una ensalada incomible. Quedémonos con el grito sagrado de esa voz que no se rompe al viento, que dice y ama lo que dice, pero por sobre todas las cosas siente y hace vibrar a la audiencia con sus dichos. Poesía de poeta de protesta en donde el amor no falta y el rugido del tigre vive.

¿Y qué hay de lo que late en su guitarra cuando la vida casi no late en otros lados? ¿qué del duende que lo lleva a esos sitios que sólo él conoce? Sabedor de la calle, de las tinieblas y felicidades de la gente que ha pasado a través de su música en sitios que se improvisan como escenarios, esos lugares que no son lugares, pero que ellos, los artistas callejeros los hacen tan suyos como de los transeúntes que por allí deambulan.

Su nombre resuena en sus chacareras, en sus zambas, en el clamor de un pueblo, Cesar Fernández Pared. Guitarra en mano, armónica en boca y eso que no sabemos, pero que sí sentimos al danzar con cada tema interpretado desde su ser hasta nuestros oídos a veces sordos.

Los invito a ver la nota que le realicé al canta autor popular Cesar Fernández Pared, en donde cuenta su entrada en el mundo de música, sus participaciones en las peñas, sus quehaceres en las calles de Ramos Mejía y la lucha por una vida más digna. No puedo aquí decir que más hay detrás del hombre que con su carisma te va a hacer emocionar.

Muchas Gracias Cesar!

Ivana Szac

Foto: Archivo propio

Con la voz en alto y el alma atada del hilo que sostiene una porción de su vida, ella va como queriendo respirar algo más que los poemas que le nacen como estrellas; hijos de un vientre que no sabe de silencios. Si escribe, seguro te llega. No puede, no hay manera que sus letras no pinchen tu piel con ese punzón de punta tibia que enciende las bellas canciones que duermen en tus células.
Madre de cuatro libros impecables, en donde conviven el amor, la mujer, el dolor, la bella manera de ver a un mundo en tinieblas y el fuego del sexo que la habita. De lo profundo de su persona sacude la noche con el grito poético de sus ganas de ser un poema y despierta los silencios de un universo que aplaude con ímpetu cada uno de sus versos.
Ivana Szac nació bajo el manto del decir y el hacer, bajo la insospechada manera que tiene de crear y crear ciclos en donde centenares de voces son escuchadas por otros que quizá en otros encuentros no lo sean. Movediza, inquieta y fugaz, se manifiesta en cada uno de sus encuentros literarios como lo que es: pura energía viva en las noches que el desgano gana la calle y se mete en el corazón de un pueblo dormido.
Ivana Szac nos cuenta en esta nota todos sus proyectos a futuro, hace un repaso por el pasado, nos invita a recorrer su obra y además nos regala eso que no se puede escribir, sino solo ver y vivir en el tiempo en que ella, está sacando de sí lo mejor, para que el mundo entero sepa de que va su alma.

Gracias Ivana Szac

Ariela rock

Foto: Archivo propio

Se vive un momento indeleble en la historia del hombre. En un tiempo en que las masas se comportan casi como autómatas dentro de un sistema que nos mete cada día más para adentro, en las burbujas de la que parece, no queremos salir. Un momento tan individualista como egoísta y fuera de lo común. Desde hace unos años un aparatito que de primera mano se hizo para comunicarnos más ágilmente, hoy día nos incomunica de manera inusitada, dejándonos al margen de lo que pasa en el “ya”, en eso que llamamos vida y a veces solo nos pasa por y desde la pantallita que tenemos en la mano.

Dentro de ese mundo virtual en donde no importa si el de al lado sufre, siente, tiene alguna alegría o piensa, existen personas que aún viven el día a día en contacto con ellos, los que solo miran esa pantalla y además escuchan desde ese aparatito lo que quieren y cuando quieren. Pero hay voces, hay ángeles que los sacan de ese letargo, de ese individualismo tan brutal y los pone a la realidad del arte, por el arte mismo. Un arte que se canta con al alma, con la voz bien pulida, con el carisma que solo ella posee y que despierta eso que parecía estar dormido, preso de una pantallita que los atrapó.

Ariela rock es una cantante que todos los días se sube al colectivo y desde ese no lugar hace su lugar en el mundo, dueña de una voz especial, en la que conviven el rock y lo melódico, el ángel y varios demonios, ella recrea con su equipo de ganarse la vida, los clásicos de rock nacional y te conmueve este sentado o parado en el sitio del colectivo en que estés.

En esta charla nos cuenta su relación con la música desde chica, sus sueños, su actualidad con la banda de metal en la que participa y eso tan suyo que más que contarse se tiene que ver.

Por eso nos subimos al colectivo con ella y su pequeño reproductor de mp3 y vivimos eso que ella transmite día a día, eso nada más y nada menos que recordarle a los pasajeros y pasajeras de no olvidarse de ser feliz.

Muchas gracias Ariela!

Silvina Crespo

Foto:Archivo propio

Cuando uno deambula por la crisis de la cultura en su momento más apátrida es que suele no pensar en lo malo que está todo, lo hace por simple supervivencia del “yo” como ser que padece a un país, a una manera de ser que esta teniendo este pedazo de tierra en los lares sureños del continente de no reconocer lo bueno que se tiene dentro y ver maravillado lo mal, muy malo que viene de afuera.

Una vez escuché decir, y seguramente ustedes también, que Buenos Aires vive de espaldas al mar, y eso no peca de mentira, es la completa realidad, vivimos dándole la espalda a lo bello que puede ser una masa de agua, que bien cuidada, nos resultaría hasta navegable o al menos para generar amplios balnearios. Sí, estoy cayendo en una utopía infame. Pero el ejemplo viene al caso. Intento decir que vivimos dándole la espalda a las bellezas naturales que poseemos, y en ese estado también cae lo nuestro a nivel artístico y cultural.

Desde la década del ´70 en adelante un discurso amarrete ha hecho mella en las cabecitas de los adolescentes de antaño y hoy día los padres de los pibes que nos procederán. Y es tan paradigmático que nos ha vuelto, o al menos a una parte del todo, a poner en confrontación con lo de tierra adentro o las costumbres argentas. EL discurso en bien claro y no deja nada al azar: lo de afuera es redondamente más simpático que lo nuestro. Y es a eso que yo llamo “desculturización”, una mera forma de tirar por tierra con nuestras cuestiones de país, para dar lugar a través del capitalismo, del marketing a lo de afuera y creer que con ello somos más “gente”.

EN esto contexto en el que todo lo nuestro es menor y que por ende nadie vela por cuidarlo, existen difusores de cultura que hacen y viven a su manera, pero también hacen y dejan vivir al otro de manera que el otro pueda mostrar lo suyo, y lo que muestran es bien nuestro una vez que sale a las tablas de la vida, a la vista de ella, Silvina Crespo; una autora, conductora de radio, y presidenta del S.A.D.E. Moreno que más que un ente jerárquico es una mujer que hace y vive por y para la cultura en los hermosos parajes de su localidad amada.

Y hoy tengo el gusto de traerles a ustedes esta interesante postura, de una persona que no deja que el afuera nos arruine nuestra belleza que tenemos adentro. El arte vive y ella lo da a conocer.

Entonces de esta manera el deambular se hace más bello cuando existen personalidades tan comprometidas con el arte y eso que nos hace ser lo que somos, ese encanto argento que sigue ahí, en nuestra alma.

¡Muchas gracias Silvina!

Matías de Brasi

Foto:Archivo propio

Un color se expande entre la multitud de líneas infinitas del tiempo, un punto de fuga que marca el ritmo de la imagen, el vértice de un inicio, la mitad del todo. Derramar ideas en las paredes de esta ciudad a veces dormida, cambiarles el paisaje a ellos, los que día a día recorren las calles como en una rutina llena de vacíos. Plasmar con una pincelada millones de sentimientos y cantidades impensadas de poesía en donde solo había un par de ladrillos apilados con algo de revoque común.

Es reinventarse al otro, es dejarse ver el alma en cada pasada del color de turno, es ese dialogo que propone el autor ente el mundo, ante ese transeúnte que se detiene y conversa sobre la vida, el instante exacto en que le tocó vivir y la magia sin adjetivos que se puedan describir de su arte. Una manera de transmitir la cultura sin parangón, desde tiempos primigenios del ser humano, una forma única de decir algo, sin usar una sola palabra.

Muralistas, o mejor aún, intervención arquitectónica, como bien le gusta decir y de hecho es lo que hace, el multifacético Matías de Brasi, un artista que deja su firma en las paredes del oeste del conurbano sin dudas de forma extraordinaria.

Desde las cavernas y el arte rupestre, desde la Capilla Sixtina y los grandes muralistas del renacimiento, desde los impresionantes muralistas mejicanos. Ahora el arte es la intervención del espacio y no tanto el dibujo por el dibujo en sí. Eso es lo que propone Matías, “dialogar” con el espacio designado, que el dibujo forme parte de cada recoveco del edificio, sin perder esa cuestión impresionante del dibujo final.

Matias de Brasi nos da una charla sobre el porqué y el cómo de lo que hace. Un documento único en donde nos metemos en el rodillo mismo del artista y su coequiper, Fernando Mena, para que vos puedas ver en primera persona como ellos le dan vida y forma a través de los colores  a un edifico histórico en la localidad de Ituzaingó: la escuela de arte Emilio Carpanelli.

¡Muchas gracias Matias!!

Los del Sarmiento, el documental

Foto: Archivo propio

 

Una guitarra suena en el vagón de un tren, un pájaro se hace eco de su son y va a darle los buenos días a su amada sobre el nido en un árbol del  conurbano. Mientras un violín de ejecución perfecta brilla en los oídos de la gente que pasa y pasa. Luego las voces, coro de ángeles entonadísimos, se hacen cargo de los sentires de ellos, los pasajeros que van en ese transporte a cumplir con sus obligaciones diarias.

 

Bellas melodías, agua fresca de un manantial, cae loca en los ánimos caldeados de ellos, los que van y vienen, los que descansan a veces mal, a veces nada, a veces pasan de largo. Una estación, otra, y la terminal, ya sea en Once o en Merlo, sea en Castelar o en Liniers, en Morón o en Flores. Ya sea en Córdoba o en una peña del Gran Buenos Aires. Ellos hacen latir las almas de los oyentes, vibran desde sus cuerdas, vocales e instrumentales, se hacen cargo de eso cotidiano, para darle vida y hacerlo un momento único.

 

No hay encantos, no hay luces, no hay escenarios, son ellos todo eso y más, es la gente todo el resto y más. Se llaman Los del Sarmiento y hacen de un viaje tedioso, un lugar agradable y lleno de poesía que se les derrama de su alma pura y folclórica.

 

Los del Sarmiento son: Pablo, Maxi y Bocha, un trio que fue mutando a través del tiempo, pero que hoy se consolida como banda y sobre todo un grupo de amigos, para traernos a nosotros eso que necesitamos, arte, música, en un “no lugar” como lo es el espacio de un vagón de tren.

 

EL tren que va al oeste es suyo, así como las peñas, Cosquín y cada almita que día a día se regocija con su forma tan extraordinaria de ser y hacer.

 

Los invito a ver este Documental, en el cual se refleja el espíritu de ellos, el porqué lo hacen y sobre todo algo que no se puede explicar, el cómo la gente los recibe y los mima desde su corazón.

 

¡Pablo, Maxi, Bocha, muchas gracias!!!